¡Ah, la pintura! Aquella maravillosa criatura que nace de las profundidades nuestras, de aquellas regiones donde el Leteo y el Eunoé serpentean en esa perpetua noche de dolores y pesares. Es necesario entrar en estas regiones de espanto, llevando el candil del corazón encendido; sólo así podremos iluminar nuestros pasos en esas regiones donde Cerbero ladra. La luz nuestra nos permitirá conocer regiones insospechadas por el intelecto. Caronte nos pedirá unas monedas de suprema voluntad, la redención nuestra. En las profundidades del infierno cogeremos aquellos cuerpos pestilentes, ese barro inmundo del que están fabricados nuestros dolores, los amasaremos, los purificaremos y daremos a luz...